Introducción / Fundamento

En el discurso oficial se construyó la idea de Buenos Aires como “la capital europea” de Latinoamérica, una imagen que se proyectó hacia el exterior y que sectores hegemónicos adoptan como “foto” del país. Incluso no es lejana en el tiempo la afirmación: “Argentina es un país sin indios”.

No vamos a reflexionar aquí sobre los diferentes dispositivos que se aplicaron para tal fin ni qué objetivos se perseguían con ello, pero indudablemente este forzado autorretrato fue asimilado como propio por la mayor parte de la población. Y es justamente allí donde queremos incidir, para abrir fisuras en ese “limitado cosmopolitismo” en el que lo indígena aparece como ajeno, resabio del pasado o, en el mejor de los casos, un producto folklorizado o de migraciones recientes (Bolivia, Perú).

El cine no escapa a esa atmósfera, al contrario, como industria cultural se apuntaló la imagen del “salvaje”, el “atrasado”; en otro promovió la simpatía, la piedad hacia aquellos “desamparados”, “los pobres indios”. En síntesis, de una u otra manera, se aportó a la objetivación de “el otro” en término exótico.

En los años ´70 hubo experiencias cinematográficas conocidas como documental político o cine político que se acercaron a “los que no tienen voz para darle voz”, los indígenas fueron uno más entre el conjunto “los postergados” elegidos. Testimonio de ello son las producciones de Jorge Prelorán, Raymundo Gleyzer o grupos como “Cine de la Base”.

A partir de los años 90 con los 500 años de la llegada de Colón y la posterior crisis política de 2001 abrió una brecha para la emergencia de un fuerte “activismo cultural”. En ese marco ganó cierto espacio – muy acotado – un cine de denuncia que intenta reivindicar a los indígenas. En algunos casos busca “a los que no tienen voz” y en otros mostrar el protagonismo ganado por estos pueblos a partir de sus experiencias de reafirmación cultural y política.

Justamente la confluencia de este proceso de organización y movilización indígena y ciertas facilidades de acceso a los medios técnicos crearon las condiciones para que en nuestro país, surjan realizaciones individuales y colectivas dese los propios pueblos indígenas. Experiencia tales como el Festival de Cine Indígena del Chaco dan cuenta de este proceso.

Si bien la difusión de las nuevas tecnologías y la reducción de los costos de realización audiovisual ha permitido que más sectores accedan a estas herramientas de creación y expresión, entre ellos los pueblos indígenas, muchas de las producciones son documentales sobre conflictos puntuales y no se incentiva la producción y difusión audiovisual sobre temáticas más amplias del acontecer indígena ni demás géneros audiovisuales.

Son estas historias e itinerarios sociopolíticos y culturales los que pretende integrar el BAIn. El festival pretende llenar este vació, desde una perspectiva de los pueblos originarios y que genere visibilidad en vastos sectores de la población nacional por lo que realizar un festival en la capital Argentina reviste motivos estratégicos de difusión y visibilidad.

Bajo el nombre de Territorio Querandí un grupo de realizadores/as audiovisuales y comunicadores/as indígena y no indígenas estamos trabajando para concretar en noviembre

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