Día 1 – Mesa debate – Buenos Aires Indígenas – Ser indígena en la Ciudad

En el marco del 1° Festival de Cine Indigena en Buenos Aires, ayer tuvo lugar la primer mesa debate de 19 a 21 horas denominada “Buenos Aires indígenas” con la presencia de Carmen Burgos (CJIRA), Luis Romero (SERPAJ) y Patricio Harrison (GUIAS).

La introducción a la mesa fue dada por Guillermo Mamani, del colectivo organizador Territorio Querandí, quien calificó a BAIn como una respuesta al intento del Estado argentino de afirmar que “no hay indios o de que viven en el interior profundo, y con otra variante: intentar hacer creer de que los indios vienen de otros países”.

“Buenos Aires tiene una larga historia de presencia indígena, estamos pisando el territorio querandí”, expresó Guillermo Mamani.

El periodista detalló que muchos de los integrantes de pueblos originarios del área metropolitana bonaerense están en una “fuerte contradicción” con lo que se piensa sobre los “indios”. “Tenemos que explicar que somos indígenas, que vivimos en Buenos Aires y no en una comunidad”.

A pesar de la imagen que se construyó sobre los argentinos, de los que se dice son “descendiente de los barcos”, en Buenos Aires “viven una cantidad de hermanos mucho mayor de lo que pensamos, sin embargo está tapada con las identidades estatales”.

Con el BAIn “estamos reafirmando nuestro ser indígena, y nuestro ser porteño en algunos casos; donde nos tocó vivir o donde nos tocó nacer que es Buenos Aires”.

CARMEN BURGOS: “SOY UNA INDÍGENA URBANA”

La abogada kolla originaria de La Quiaca (Jujuy), integrante de la Comisión de Juristas Indígena de la República Argentina (CJIRA) y funcionaria del Instituto Nacional contra la Discriminación (INADI), fue la primera en dar su testimonio.

“Me sorprendí gratamente cuando me invitaron a hablar de la Buenos Aires Indígena, porque yo soy una indígena urbana, ya no estoy en el territorio y es importante hablar de cómo lucho, es diferente, es un nuevo camino y una nueva manera de vivir”, contó.

De chica, en La Quiaca, Carmen Burgos pensaba que ya no había racismo en las grandes ciudades, que era algo del pasado. Sin embargo “cuando yo vengo aquí sufro la discriminación, la exclusión, la negación hacia nosotros”.

La abogada originaria expresó que en los barrios hay muchísimas familias que no se reconocen como integrantes de pueblos originarios. Uno de los motivos para esto es que en Buenos Aires “lo único que se valora es lo europeo, lo blanco, y todo lo diferente se niega”.

Carmen continuó reflexionando,; “Nosotros a veces escondemos nuestras costumbres, no reivindicamos la presencia indígena en las grandes urbes, y tampoco existe para el Gobierno, porque no hay políticas públicas sobre cómo contener a los grupos vulnerados en estas situaciones”.

Para la abogada indígena, el Festival de Cine Indígena “es una visibilización de lo que los indígenas urbanos estamos haciendo en las urbes”.

Por último destacó, “a las abuelas y madres que han llevado muy alto la bandera de la identidad y la memoria”, que han allanado el terreno para que hoy los chicos empiecen a reivindicar su pertenencia a los pueblos originarios”.

LUIS ROMERO: “ESTAMOS EN UNA NUEVA ETAPA”

Para el integrante del SERPAJ, la ONG de Derechos Humanos del Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, “lo poderes centrales imponen conceptos que responden a los intereses económicos, culturales y políticos”. En ese sentido el “ser indígena” se lo relaciona con “ser pobre, vivir en el interior, estar desnutrido”.

Sin embargo, “esa concepción la estamos cambiando los pueblos, y también estamos modificando algunas conductas que se nos impuso para dominarnos”.

Para Romero este proceso de organización y reafirmación es largo, no salió nada, y destacó distintas agrupaciones de décadas pasadas (AIRA, Gran Parlamento Mapuche, Centro Kolla, CAI, Comunidad India Quilmes, la COM de Neuquén, Consejo Indio de Sudamérica).

“Las estadísticas siempre nos mintieron y siempre van a seguir mintiéndonos, en la medida en que nosotros no nos hagamos visibles, nadie nos va a hacer visible a nosotros”

Romero destacó que hoy existan hermanos que están en funciones de Gobierno y que pueden aportar desde ahí, “eso no salió de la nada, esos espacios se consiguieron a plan de lucha”.

“En la década del ’80 éramos un par los que hacíamos las marchas del 12 de octubre, hoy son multitudinarias y se autoconvoca”, reflexionó.

PATRICIO HARRISON: “LA LEGITIMACIÓN DEL GENOCIDIO”

El integrante del Grupo GUIAS, comenzó contando la historia de su agrupación, una organización autoconvocada surgida en el 2006 para terminar la exhibición de restos humanos en el Museo de la Plata, donde hay 10 mil cuerpos. El puntapié fue una ceremonia realizada por una comunidad boliviana residente en La Plata alrededor de una momia de Tiwanaku en exhibición.

Harrisón expresó que desde el Museo de La Plata se elaboraron y “bajaron los discursos que después fueron a las escuelas, a los manuales de historia””. Este institución nace y tiene una función geopolítica: “la legitimación del genocidio, la afirmación de que la Patagonia es Argentina”.

Su fundador, Perito Moreno, es prácticamente incuestionable en el país, por eso “hay una gran ausencia de autores que estudien a Moreno desde un punto crítico, y esos no eran argentinos, eran extranjeros los que se habían animado”.

Moreno recorrió la Patagonia en el contexto posterior a la campaña del desierto, la avanzada militar del Estado argentino en los territorios indígenas que “permitió a estos científicos entrar y realizar saqueos y profanaciones de tumbas”.

Una gran cantidad de la “colección de restos humanos” existente en el Museo son de personas contemporáneas a la formación de la institución, y no “restos paleontológicos” como se podría llegar a pensar, narró Harrison.

En ese momento, los prisioneros de la campaña estaban en distintos lugares de Buenos Aires. Desde Carmen de Patagones eran enviados a la Isla Martín García, también había “depósitos” en Tigre y distintos lugares de la Capital Federal.

El miembro de GUIAS contó que Moreno intercedió para que los lonko Inakayal y Foyel vayan a La Plata, supuestamente para que no sigan el mismo destino que otros caciques como Pincen. Al Museo van también varias mujeres indígenas. A ellas se las puso a trabajar tejiendo textiles para las exposiciones, o como “informantes” como se dice en la antropología. Los hombres trabajaron en obras de construcción de la institución.

Todos ellos mueren dentro del Museo e “iban siendo incorporados a las vitrinas”.

Muchos no se sabe si se suicidaron o si fueron asesinados, como el caso de Inakayal.

Hasta la década del ’40 las salas estaban llenas de cuerpos, luego cambió el criterio pero siguieron los restos humanos en exhibición hasta el 2006.

Hoy siguen llegando restos humanos al Museo de La Plata, porque los arqueólogos siguen excavando. “Guías intenta descosificar estas personas, estamos trabajando para descolonizar estas prácticas”. “Hemos roto con el silencio, estas historias no se conocían, muchos periodistas empezaron a difundir”.

Después de una mesa debate participativa y concurrida las reflexiones giraron a construir nuevas historias, nuevas realidades escritas por los mismos indigenas.

La posibilidad de BAIn Festival de Cine Indigena es un camino hacia ello.

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